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Cuando alguien escucha la palabra masonería, casi siempre piensa en secretos, símbolos misteriosos y reuniones reservadas. Sin embargo, la realidad histórica es mucho más interesante: la masonería no nació como una sociedad secreta, sino como un oficio.
Para entenderla de verdad, hay que viajar varios siglos atrás.
Entre los siglos XI y XVI, Europa vivió la gran época de las catedrales. Eran edificaciones gigantescas, complejas y técnicamente avanzadas para su tiempo. Levantarlas requería conocimientos que muy pocas personas poseían: geometría, cálculo, resistencia de materiales y diseño arquitectónico.
Quienes realizaban este trabajo eran los masones operativos (albañiles especializados en piedra). No eran obreros comunes; eran técnicos altamente capacitados.
Estos constructores trabajaban organizados en grupos llamados logias, que eran pequeñas construcciones temporales instaladas junto a la obra. Allí planeaban, enseñaban a los aprendices y guardaban sus herramientas.
No por conspiración, sino por protección profesional.
Guardaban:
técnicas de construcción
proporciones arquitectónicas
métodos matemáticos
Además, usaban palabras y signos de reconocimiento para demostrar su nivel profesional cuando viajaban a otra ciudad en busca de trabajo. En otras palabras, era una especie de certificación laboral medieval.
De aquí nacen los símbolos más conocidos:
la escuadra
el compás
el nivel
la plomada
En ese momento eran herramientas reales, no símbolos filosóficos.
Durante el Renacimiento dejaron de construirse grandes catedrales, y los gremios comenzaron a desaparecer. Para sobrevivir, algunas logias empezaron a aceptar miembros que no eran constructores: nobles, científicos, pensadores y comerciantes.
A estos se les llamó masones aceptados.
Aquí ocurre la transformación más importante de toda su historia:
La logia deja de ser un taller de piedra y se convierte en un taller moral.
Las herramientas empezaron a interpretarse simbólicamente:
| Herramienta | Significado moral |
|---|---|
| Escuadra | actuar con rectitud |
| Compás | moderar las pasiones |
| Piedra bruta | el ser humano imperfecto |
| Piedra pulida | el ser humano perfeccionado |
Así nace la masonería filosófica.
La fecha clave es el 24 de junio de 1717, en Londres.
Cuatro logias se unieron y formaron la primera Gran Logia de Inglaterra. Este momento marca el inicio de la masonería moderna.
Pocos años después, en 1723, se publicaron las Constituciones de Anderson, que establecieron principios fundamentales:
la masonería no es una religión
no se discuten temas políticos dentro de la logia
busca el perfeccionamiento moral del individuo
reconoce un principio creador llamado “Gran Arquitecto del Universo”
Desde Inglaterra, la masonería se expandió rápidamente por Europa y América.
En el siglo XVIII la masonería llegó al continente americano junto con comerciantes, ilustrados y militares europeos. Coincidió con la época de la Ilustración, cuando surgían nuevas ideas sobre la libertad, la educación y los derechos humanos.
Promovía valores como:
libertad de pensamiento
tolerancia religiosa
igualdad ante la ley
educación
Por eso muchos líderes independentistas pertenecieron a logias masónicas, entre ellos George Washington, Benjamin Franklin, Simón Bolívar y José de San Martín. En México también tuvo influencia durante el siglo XIX, especialmente en los movimientos liberales.
La masonería no comenzó como una organización secreta ni política. Nació como un gremio de constructores medievales y con el tiempo se convirtió en una fraternidad filosófica.
Hoy sus enseñanzas utilizan la metáfora de la construcción:
el ser humano es como una piedra en bruto que, mediante disciplina, conocimiento y virtud, puede pulirse hasta convertirse en una mejor versión de sí mismo.
Por eso los masones suelen decir que no construyen templos de piedra, sino el carácter.

